Insidious

Insidious ★★★★½

Es una enorme película. Ya en la secuencia de títulos del comienzo, Wan establece la dualidad de los dos mundos, dos polos de una misma cosa. La cámara encuadra a una lámpara circular del techo donde aparece el nombre de James Wan, y con un movimiento de 180º, la cámara gira y desciende hasta mostrar a un niño dormido, que por el momento no sabemos quién es. Insidious jugará con esas dualidades durante todo el metraje: con el presente - pasado, con la realidad - recuerdo/sueño, madre/padre - hijo, adultez - infancia, hecho - relato. Pero todas estos aspectos no pueden existir sin la presencia del otro. Ambos se complementan y se retroalimentan. Es interesante cómo Wan decide todas estas cosas. Uno de los ejemplos más claros es la escena donde la madre de Josh le confiesa su sueño a su hijo. Ahí se unen muchas de estas dualidades que intensifica la película.

Hay otro aspecto interesante en la película que es la importancia que le da Wan a la cámara de fotos y de grabación. Lo utiliza como dispositivos que revelan secretos de un pasado, ya sea lejano o inmediato, y que muestra aquello que no se percibe en la realidad. Esto último es relevante en la trama pero también en lo que subyace a ella. Si lo llevamos al terreno de lo simbólico, podemos concluir en lo que significa para Wan el cine y lo que es hacer cine: nada más y nada menos que pura ficción en la que se puede encontrar algo concreto de la realidad.

Siguiendo esta línea hay algo importante en los dibujos que aparecen. El dibujo al ser parte de la pintura (arte) tiene la función acá de: primero, develar y retratar una otredad desconocida (concepto fundamental para el género); y segundo, de que el espectador, quien recibe la obra, pueda mirar más allá de lo expresado en el arte mismo, que pueda leer entre líneas, que pueda interptretar aquello que subyace.

Sin dudas, es una película fenomenal en todo sentido. Porque además de todo lo comentado, las escenas de terror son excelentes. Toda la secuencia de Renai en la nueva casa donde ve a un niño está narrada con una maestría digna de los mejores. Mueve la cámara para que palpemos el terror que siente ella y usa subjetivas para que nos permita dudar de si, aquello que ve ella, es real o son ilusiones. En una revisión crece muchísimo más y es para volverla a ver varias veces.

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