La Morte rouge (Soliloquio)

La Morte rouge (Soliloquio) ★★★★

Que un cineasta comente el origen de su relación con el cine, esa fascinación inicial con el haz de luz proyectado en la pantalla, es habitual. Pero La Morte Rouge es, para el caso de Erice, mucho más que eso: es la confesión de una poética. Uno puede comprobar en su obra que todo nace de esa perplejidad primigenia ante el descubrimiento de que las películas nos pueden revelar algo misterioso de la existencia que se nos había ocultado hasta entonces. La búsqueda de esa revelación, y no su ofrecimiento al espectador como si fuera un Dios que entrega el fuego, es su razón de ser. Allí está también una forma de relacionarse con la Historia que tiende a rescatar lo que se ha perdido pero con la suficiente lucidez para aceptar que el paso del tiempo es inevitable. El mar siempre se llevará las huellas en la arena.