Parasite

Parasite

Como en una sinfonía típica del período del romanticismo (ese que Beethoven inauguró aún estando en el clasicismo), esta película consta de 4 movimientos: el primero, la introducción en un tempo rápido (allegro), donde todo parece alegre y vívido y que nada puede salir mal con los protagonistas en franco ascenso y en un equilibrio perfecto con la familia rica; un segundo movimiento adagio, lento, en donde se rompe con esta alegría y la crisis y conflicto es tal que una noche se sucede como antes había sucedido un mes; un tercer movimiento scherzo, donde la película toma una postura "juguetona", en el sentido de que se libera y libera a sus mismos personajes para que lleven a cabo sus acciones de la manera más libre y real que les salga (es por eso que en el momento del clímax de este movimiento y además de la película es donde vemos a todos los personajes lo más naturales posible, con todo lo que esto termina conllevando); y por último un movimiento en clave de sonata en el que se concluye la obra utilizando el motivo principal de la película-sinfonía para una última exposición-desarrollo-reexposición (vemos a nuestros personajes pobres volver a su situación de pobreza como en el primer movimiento, luego ver a Kevin tramar una supuesta salida de la pobreza junto a su padre encerrado para finalmente encontrarlo en el mismo lugar donde todo comenzó).
Además de su estructura sinfónica, sus personajes funcionan como tal, en donde no hay alguno que necesariamente lleve adelante la historia en todo momento, sino que funcionan en conjunto, de manera sinfónica, de modo que es el ensamble de todos ellos (en su diversidad y en las distintas formas de combinarse entre sí) los que forman lo que terminamos viendo. Sumado a la importancia de la música clásica dentro de la misma obra que aparece no sólo por una cuestión estética sino narrativa, es que en este solemne acto que a nadie le importará ni debiera importarle me animaré a declarar a Parasite como a una sinfonía audiovisual, y para esta ocasión a Bong Jong Ho como un director de orquesta de lujo (curiosamente, esta utilización de una forma de música occidental por parte de un artista oriental se condice con la esencia de la película en sí, que habla de temas tradicionales de Occidente pero desde una visión asiática).
PD: como dijo Chamo González y la película se encarga de remarcar durante toda su extensión, la mentira tiene patas pero tarde o temprano cojea.